La economía de Bolivia
Como país exportador, Bolivia cuenta actualmente con un Producto Interior Bruto nominal de 1153 dólares per cápita. Gran parte de la población trabaja en el sector primario, concretamente en la agricultura. Asimismo, la explotación de estaño y plata sigue siendo un factor económico muy importante desde la conquista española a pesar del aumento de la tecnología en las operaciones mineras y la omnipresente corrupción, que han relegado la prosperidad y la mano de obra de la minería al pasado. Tras la elección de Evo Morales en 2005, el país parece haber emprendido una recuperación económica. Las promesas electorales del nuevo presidente preveen la nacionalización de muchas empresas y su política social supone todo un reto para los partidarios capitalistas de clase alta (de acuerdo con el coeficiente de Gini, el 40% de la renta nacional se distribuye entre el 10% de la población).
No obstante, las reformas agrarias y de gobierno emprendidas por el primer presidente indígena de Sudámérica se quedaron en papel mojado, ya que los conflictos por el control de los recursos clave del país siguen estando abiertos y el cultivo de coca continúa siendo legal. A pesar de que el sector industrial y de servicios está creciendo y tiene más peso que en otros países de Sudamérica, no es determinante para el país por su escasez de centros urbanos y su elevada pobreza. Con alrededor de 350.000 visitantes anuales, el turismo tampoco reporta grandes beneficios a Bolivia, por lo que muchas empresas internacionales descartan invertir en ella por la falta de un mercado de consumo y de personal capacitado.
Bajo el emblema “la Bolivia de los bolivianos”, el gobierno de Evo Morales y la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) emprendieron la explotación de un bien muy preciado: el oro blanco. El lago salado del Salar de Uyuni, con 5,4 millones de toneladas de litio, es el mayor depósito de este material del mundo. Y esta materia prima es imprescindible en nuestros días, pues forma parte de las baterías de iones de litio que en el futuro suministrarán energía a muchos ordenadores portátiles de tecnología avanzada, teléfonos móviles u otros dispositivos electrónicos portátiles. A principios de 2010, las primeras instalaciones de extracción empezaron a abastecer a las fundiciones. Gracias a la explotación de este recurso, Bolivia no sólo recibe impuestos comerciales por parte de las empresas, sino que también se beneficia de las actividades de exportación y de la creación de rutas de transporte.